“Tengo miedo porque mi familia está allá”: así viven migrantes venezolanos en Chile la tensión con Estados Unidos
Las advertencias de una posible acción militar de Estados Unidos en Venezuela han generado preocupación entre migrantes venezolanos en Chile, que temen por la seguridad de sus familias.
Por Iñigo Martínez e Ignacia Moraga

La reciente escalada de tensión entre Estados Unidos y Venezuela, marcada por declaraciones de Donald Trump sobre posibles operaciones terrestres “muy pronto” y el cierre del espacio aéreo venezolano, ha generado una mezcla de miedo, esperanza y confusión entre migrantes venezolanos en Chile. Aunque no existe confirmación oficial de una invasión inminente, el aumento del despliegue militar estadounidense en el Caribe y las amenazas públicas contra el gobierno de Nicolás Maduro han reactivado la preocupación de una comunidad que sigue de cerca cualquier señal que pueda cambiar el futuro de su país.
En paralelo, organizaciones internacionales estiman que cerca de 7,9 millones de personas han salido de Venezuela en los últimos años, de las cuales más de 500 mil residen en Chile, lo que convierte al país en uno de los principales destinos de esta diáspora en América Latina. En ese contexto, cualquier señal de intervención externa se vive desde el extranjero con una carga emocional intensa.
Miedo por la familia, esperanza de cambio
Yuli, de 29 años, trabaja como vendedora y reponedora en una tienda en Santiago. Dice haberse enterado de las declaraciones de Trump a través de internet y medios digitales. Su primera reacción fue de angustia. “Tenemos miedo porque tenemos a nuestros familiares allá… tengo miedo porque mi familia está allá”, cuenta. Explica que, entre las personas con las que conversa, la sensación es de incertidumbre total: no saben si una intervención sería rápida o prolongada, ni quiénes podrían resultar afectados directamente.
Para Rosmely, estilista de 40 años, la noticia despertó otro tipo de reacción. “Que saquen rápido a Maduro, que me quiero ir”, afirma. Asegura que en su entorno la conversación se repite con los mismos tonos: “Lo único que vas a escuchar de cualquier migrante es que nos queremos ir”. Aunque reconoce que la idea de un conflicto es triste, insiste en que sólo contemplaría volver a Venezuela “cuando saquen a Maduro, antes no”.
Carla Ramos, de 36 años, dedicada al comercio ambulante, dice que se enteró “por redes sociales y noticias”, pero no lo ve como algo lejano. “Es lo mejor que pueda pasar para nuestra familia, para que todo esté en calma, en paz”, señala. Asegura no creer que se trate de un rumor sin fundamento. “Cuando Donald Trump dice algo, él lo cumple”, sostiene, asociando directamente las declaraciones del mandatario con la posibilidad de una acción militar real.
“Una invasión solo significa muerte y sangre derramada”
No todos, sin embargo, leen el escenario en clave de esperanza. Jordwin, de 23 años, trabaja en atención al público y mira con preocupación la idea de una intervención militar. “Una invasión en Venezuela solo significa muerte y sangre derramada inocente”, afirma. Su principal inquietud es la seguridad de su familia. “Es inquietante estar lejos, porque tengo familia allá. Uno sabe que una invasión no es solo política, también afecta a la gente común”, comenta.
Pese a esa diferencia de tono, reconoce que el tema es recurrente en los espacios donde se juntan venezolanos en Chile. “Es inevitable no estar al tanto… por cualquier red social sale un video o una noticia sobre lo que está pasando entre Estados Unidos y Venezuela”, dice. El consenso, según él, es que todos están informados, pero no todos están de acuerdo con que una intervención sea la mejor salida.
Alexander, 33 años, guardia de seguridad, resume así lo que siente: “Dolor y alegría a la vez”. Dolor por lo que podría ocurrir en Venezuela y alegría por la posibilidad de un cambio. “Lo mejor que se viene es la intervención militar para sacarlos”, opina, en referencia al gobierno actual.Javier, de 36 años, empleado en una tienda, también entiende el momento como parte de un proceso largo. “La intervención la estamos esperando desde hace tiempo porque el régimen se robó unas elecciones y la gente no tiene cómo defenderse”, afirma. Dice estar preocupado, pero cree que la mayoría comparte su mirada: “La gente sola no puede salir de esa situación”.A nivel internacional, medios y analistas han documentado un incremento del despliegue militar estadounidense alrededor de Venezuela, así como operaciones contra embarcaciones que Washington vincula al narcotráfico y a redes supuestamente asociadas al entorno de Maduro. Trump ha advertido que las operaciones en tierra contra “grupos criminales” podrían comenzar “muy pronto”, y ha calificado el espacio aéreo venezolano como “cerrado” en medio del aumento de la tensión diplomática.
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No obstante, verificaciones independientes subrayan que, pese a las amenazas y movimientos militares, no existe una confirmación pública de que Estados Unidos haya decidido lanzar una invasión terrestre a gran escala, y describen el escenario actual como un “enfrentamiento de alto riesgo” más que una operación ya en marcha. Para los migrantes venezolanos en Chile, esa ambigüedad se traduce en una tensión permanente: viven en un país distinto, pero siguen ligados a un conflicto que podría redefinir el futuro de sus familias. Algunos, como Rosmely y Carla, ven en una eventual intervención una oportunidad para regresar a un país distinto. Otros, como Jordwin y Yuli, temen que el costo humanitario sea demasiado alto, aunque también esperan un cambio en la conducción política.
Una comunidad pendiente de lo que ocurra en Venezuela
Con cientos de miles de venezolanos residiendo en Chile, muchos en situación laboral precaria o con la vista puesta en un eventual retorno, la escalada de declaraciones entre Washington y Caracas no es un asunto distante. Se vive en grupos de WhatsApp, conversaciones en el trabajo, redes sociales y llamadas a familiares que siguen en Venezuela.“Ojalá ocurra el milagro que todos estamos esperando… que entre un presidente nuevo y que haya un cambio de verdad”, dice Yuli, entrevistada en Plaza de Armas, junto a la mayoría de las fuentes, resumiendo una sensación compartida: el deseo de un giro político que permita mejorar las condiciones de vida sin que ello implique una violencia extendida. Entre el miedo por lo que pueda ocurrir y la esperanza de un futuro diferente, los migrantes venezolanos en Chile observan cada titular con la sensación de que, aunque estén lejos, su historia sigue ligada al destino de Venezuela.

